La Revista de Las Familias de Los Cabos

Los niños tienen razón

Los niños tienen razón

Los niños siempre dirán la verdad mientras no reciban el ejemplo contrario de sus padres y de la sociedad. Les pedimos a nuestros hijos y alumnos que sean sinceros, que digan la verdad, pero nuestro ejemplo es mucho más poderoso que las palabras y peticiones verbales.

En este artículo nos enfocaremos a una sola de tantas verdades que la mayoría de los niños expresan: no les gusta la escuela y no les gusta estudiar. Esta sola idea es preocupante porque si algo caracteriza a los niños es su deseo por aprender y experimentar nuevas cosas; son los niños quienes por naturaleza siempre preguntan el por qué de esto y aquello, son inquietos y sienten la necesidad crear, pintar, dibujar, hacer deporte, etc. Entonces preguntémonos qué estamos haciendo mal y qué es lo que apaga todo su ímpetu y entusiasmo por el aprendizaje.

Para comprenderlos mejor sólo hay que hacer un ejercicio sencillo que dura no más de 5 minutos. Sentémonos en silencio cómodamente, cerremos los ojos y regresemos a nuestra infancia; recordemos nuestras clases y cómo nos sentíamos en ellas. A reserva de uno o dos niños que eran los aplicados del salón,  los demás no la pasábamos bien. Intentemos recordar con honestidad…  ¿Entendíamos y comprendíamos bien lo que los maestros nos enseñaban? ¿Teníamos entusiasmo e interés en todas las materias?  ¿Recordamos hoy gran parte o algo de lo que se nos enseñó por años y muchas horas al día? ¿Encontrábamos utilidad y entusiasmo en lo que nos querían enseñar? ¿Cómo nos sentíamos antes, durante y durante los exámenes? ¿Cuál era nuestro estado de ánimo al llegar a la escuela o cuando entregaban boletas o calificaciones a nuestros padres? ¿Acaso no era el recreo y la salida lo mejor de la escuela?

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Hay una razón poderosa para que no les guste la escuela

Para empezar recordemos que cuando permanecíamos sentados oyendo una clase, que por lo general era eterna y aburrida, nuestro cuerpo comenzaba a desesperarse por pararse y moverse. Era prácticamente imposible quedarse quieto sin voltear de un lado a otro buscando una salida, un escape. Pero había una autoridad enfrente que nos obligaba a permanecer ahí, en silencio y quietud mientras hablaba. Qué frustrante y desesperante era amarrar nuestro cuerpo a la silla y fingir atención mientras sudábamos deseando huir.  La maestra o maestro hablaban pero la mayoría del tiempo sólo escuchábamos un ruido adormecedor mientras nuestro pensamiento estaba ya en el recreo o en la salida. Nuestro pensamiento no estaba en ese presente, sino en el escape. Aun así, teníamos que demostrar interés, participar, levantar la mano y sacar buena calificación a la hora del examen. Un martirio. La hora del recreo y la salida eran nuestro interés porque ahí había libertad, juego, interacción con personas con nuestros mismos intereses, creación al jugar, y muchas cosas sanas más.

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¿El problema son los niños?  No.  ¿Es lo que enseñan y la forma en que enseñan las escuelas? Sí.

Si lo que más gusta a los niños es aprender, deberíamos aprovechar que son unas esponjas de conocimiento para darles todo lo que va a nutrir su inteligencia y su curiosidad con el objetivo de que desarrollen diversas habilidades y destrezas que les ayudarán hoy y toda su vida. Además es el momento que formar su integridad, de enseñarles y mostrarles con el ejemplo los valores, las virtudes y los principios que les ayudarán a enfrentar todo tipo de problemas en la vida y saber solucionarlos.

Los niños están cargados de una energía poderosa y hambre de conocimiento. Inmovilizarlos en una silla y mesa escolar para aprender fechas, nombres, memorizar sin comprender, conocer sin experimentar, etc., en un ambiente de silencio donde sólo una voz tiene la verdad y la razón, definitivamente no les ayuda en su educación escolar.

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¿Qué solución hay por ahora?

Mientras el sistema educativo no cambie y las escuelas estén obligadas a dar ciertas materias y temas, la solución está en los directores, maestros y padres de familia. Los docentes tendrán que amar la asignatura que enseñan para transmitir al niño la pasión por dicha materia. Estos docentes tendrán que ser muy creativos para despertar el interés y poniéndose en los zapatos del niño, realizar dinámicas y actividades en torno al tema. Por ejemplo, la historia sirve para no repetir errores. Podemos enseñar a los niños sobre historia a manera de cuento, con pasión, con intervención de sus ideas y opiniones. Las matemáticas tendrían que estar en manos de un docente que no siembre miedo en los alumnos ni haga parecer la materia exclusiva de genios o sólo para los niños aplicados. El maestro tiene la obligación de conocer los intereses de los niños, sus inquietudes y deseos, y partir de ahí para elaborar una estrategia de enseñanza donde todos los niños se sientan incluidos y puedan aprender a su paso sin ser tachados de lentos o no hábiles para esto o aquello. El niño es hábil y quiere aprender. El maestro exitoso es el que aprovecha la oportunidad y logra que los niños aprendan con pasión y confianza, esto quiere decir, con la misma pasión que debe contagiar el maestro; y no por temor al profesor, a los padres o por pena con sus compañeros.

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EL ARTE, LA CIENCIA Y EL MOVIMIENTO

La mayoría coincidimos que la etapa de Kinder es la mejor. En esa etapa cantamos, bailamos, pintamos, dibujamos, desarrollamos la habilidad manual, etc. Crear es la tarea principal. Por eso es la etapa más feliz.
Después pasamos a la Primaria y Secundaria donde al parecer todo eso queda en último plano pero aun tenemos la gran necesidad natural de CREAR, de tener una estrecha relación con el ARTE y el MOVIMIENTO. El arte y la ciencia nutren el alma, el espíritu y amplían el conocimiento humano; y el movimiento nutre todo el cuerpo humano. Por eso son esenciales.

El arte, la ciencia y el deporte deberían estar en primer lugar en la enseñanza y después todo lo demás. De hecho a cualquier edad. La buena y maravillosa noticia es que cuando un niño está en contacto continuo con el arte (pintura, dibujo, música, literatura, manualidades y todo tipo de creación) y cuando hace deporte (ya sea futbol, tenis, natación, atletismo, karate, etc.); su mente y su cerebro están mucho más abiertos a todo tipo de conocimiento y a  la comprensión de otros temas. De este modo es mucho más fácil enseñarles matemáticas, biología, historia y otras materias que deberían estar en un plano menor. Pero eso sí, los maestros y maestras tendrían que estar más capacitados para satisfacer la demanda de conocimiento de este tipo de niños y tendrían que demostrar la utilidad y la pasión por lo que están enseñando. Nunca olvidemos que el juego es la mejor manera de aprender y de enseñar a un niño.

Mientras todo lo anterior sucede, como padres de familia tenemos la obligación de satisfacer y encaminar las necesidades de nuestros hijos hacia el juego y el deporte libre o de disciplina para mantener su salud física. Esto no quiere decir que los inscribamos en muchas clases vespertinas y los atormentemos a que vayan obligados, sino mostrarles las opciones para que ellos elijan y puedan cambiar hasta encontrar la idónea. También debemos acercarlos al arte y la ciencia en cualquiera de sus expresiones para desarrollar su creatividad, ampliar su conocimiento, cultura y alimentar su espíritu; pongamos a su alcance materiales, instrumentos, libros, teatro, cine, fotografía, etc., y ellos también tienen que ser quienes nos indiquen cuál es su interés principal, el que podrá cambiar con el tiempo o no.  Finalmente, como padres debemos mostrarles con el ejemplo cómo ser personas de bien, con valores y principios, capaces de aportar y mejorar el mundo hoy, y a cualquier edad.

Marina Calb